viernes 20 de noviembre de 2009

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses...

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.

Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.

Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho se desplome.
Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto amor, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.

Eduardo Lizalde

Hay cosas...

Y en serio, hay cosas, que no deberían pasar en finales...

jueves 19 de noviembre de 2009

Realidades...

A veces quisiera solamente despertar. Desenterrarme las lagañas de los ojos, alcanzar con manoteos perdidos y somnolientos el reloj, y pensar. Pensar en lo absurdo y agotador de aquel sueño; pensar en las historias telenoveleras de esos pensamientos ajenos (que tal vez otros digan, fueron obra de mi subconsciente atrofiado); pensar en esos torpes impulsos y estúpidas aprensiones que angustiaban el sueño y lo colmaban de ansiedades, miedos e incertidumbres; y pensar, por qué no, en los ojos dulces caramelo macizo de magia infinita, que patrocinaban los pocos momentos de tranquilidad en la historia que soñé. Y luego, ver el reloj, con la mirada ya más despejada y pensar en cerrar los ojos unos minutos más y despertar. Despegar y romper cuidadosamente el alvéolo para no perturbar el sueño de las otras e instintivamente salir. Y entre la desastrosa vida laboral, los círculos, los ochos y el vértigo, toparme de frente con un par de caramelos macizos, pequeños, atrapados, y acercarme trémula, a su encuentro. Entonces danzar torpemente alrededor del también pequeño y delicado estuche cerrado, esperando una señal que me permita robar tan deseados dulces; girar mis ojos y ver una silueta yéndose. Pienso entonces que fueron suyos y los dejó, que nunca los quiso y nunca los vio, y que realmente no los merecía. Regreso; el estuche entreabierto apenas deja ver el caramelo macizo que se va suavizando hasta empezar a gotear. Y después, con la furia a flor de piel y el viento a mi favor, llegar hasta el cobarde y encajar violentamente la ponzoña en señal de agradecimiento. Casi al final del día regresar al lugar donde había quedado el estuche y esperar, lo que me resta de vida, a que sean de nuevo aquellos caramelos macizos que encontré, tal vez una oportunidad de verlos, y guardarme un poco de su esencia, para la eternidad. Despertar. Y entonces saber que sólo fue un sueño.

martes 17 de noviembre de 2009

La incertidumbre NO es un lugar feliz

viernes 13 de noviembre de 2009

Una carta...

Para la niña,


Aquí estoy yo, escribiendote una carta. Sin tu nombre, pero tuya. Sin tu nombre pero llena de tus ojos y de tu sonrisa; de los abrazos ausentes, los presentes, pasados, futuros y los que nunca van a llegar. Una carta para recordar tus niñerías, tus berrinches y pucheros; la voz dulzona con la que puteas y mientas madres; y esa cara que, entre cansancio y frustración no puede ocultar (por más que tu quisieras) la magia más pura, la más perfecta.
Aquí estoy yo, con los ojos medio dormidos, las piernas cansadas y el cerebro perdido, con tu nombre y tu perfume incrustados en el cuerpo (casi como si estuvieras pegada a mi); aquí estoy yo, escribiendote una carta. Y estoy repasando los diálogos que nunca voy a decir, las palabras que se quedan atrapadas en la boca. Esas, justamente esas que estás pensando, y así se me va la noche.
Aquí estoy yo, preparándome para extrañarte mucho, y entre The Cure y algunos suspiros dolorosos, te escribo una carta. Entonces me entra el terror de no verte, de no escuchar tus sublimes mentiras y verdades a medias, de no poder perderme una vez más entre tu aroma y luchar, contra el universo entero sin tener al final tu abrazo.
Y a veces (casi siempre) me gustaría pensar que soy capaz de regalarte la felicidad que te mereces; y a veces, me abrazo a la esperanza, que en tu nombre, sigue siendo un buen lugar para vivir, y me sueño reflejada en tus ojos, atrapada en tus brazos, con la cabeza escondida entre tu cabello y tu cuello... el lugar más seguro. Y a veces sólo quisiera acariciar furtivamente tus manos y tus ojos y tus labios.
Pero aquí estoy yo, en medio de la noche, sin tus labios ni tus ojos, sin tus brazos, ni tu voz, ni tu aroma y sin tu forma tan perfecta de conquistar el mundo con una sonrisa, Aquí estoy yo, extrañándote, como todos los días, tratándo de decir algo que tu y yo sabemos, y que también callamos, pero finalmente estoy aquí, con los dedos incrustados en el teclado... escribiéndote una carta, que más bien parecerá telegrama:

Con el alma, te quiero...

Casi en los finales...

Así de rápido se pasa un semestre; uno que estuvo lleno de todo, prácticamente... todo. Ya con menos sueño y más ganas haré el clásico recuento de los daños... semestrales.
Por lo pronto, escribiré un poco de lo que me espera en próximas fechas.

La siguiente semana... el tan esperado "Jenik: El regreso", la segunda parte del Tópico. En el inter, toca preparar los chingaos papeles para el concurso de creacion literaria del sistema, que realmente no me interesa pero ya tengo los papeles asi que pues... va. El jueves toca Mucho Ritmo y, después de más de dos meses sin salir... creo que ya es justo y necesario. Y posiblemente el viernes hagamos la fiesta con Mister Radon, lo cual será bien buena onda. El sábado por supuesto, tocan clases y no puedo faltar, desgraciadamente... muy desgraciadamente, porque habría querido ir a la conferencia de Periodismo de Guerra. El asunto es que... prefiero no ir, porque al siguiente fin de semana toca FIL, y ahora sí... voy porque voy.

Mientras todo eso pasa, escribiré un rato y luego dormiré. Mañana hay clases, redacción a las 7 am.

martes 3 de noviembre de 2009

Porque no podía faltar...

Un poema que me encanta. Simplemente, es perfecto. En algún momento de mi vida, quisiera escribir así de maravillosamente. Y claro, yo sé que lo he puesto mil veces en el blog anterior y que el mundo entero sabe que AMO este poema, pero, lo pondré todas las veces que quiera... es perfecto.

Culminación del dolor (Charles Bukowski)

Oigo incluso cómo ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua
son sus lágrimas.

Oigo el agua,
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj,
se vuelve pomos en la cómoda,
se vuelve papel sobre el suelo,
se vuelve calzador,
ticket de la lavandería,
se vuelve
humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas...

Poco importa,
poco amor
o poca vidan
o es tan malo,
lo que cuenta
es observar las paredes,

yo nací para eso,
nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.