Hay mentiras universales, que para muchas personas se ha vuelto algo así como deporte olímpico la labor de creerselas, día con día. Con cada inicio de año, debo decir, me he topado con terribles y decepcionantes realidades que desarticulan por completo las mentiras, estas mentiras que creemos o que a veces (casi siempre) decidimos creer.
Particularmente estas fechas están repletas de mentiras y de inventos que, unos dirán, son creados para alimentar la ilusión de los niños y el espíritu de amor y paz y otros más pesimistas e idiotas, dirán que todo esto ha sido sólo un espectáculo de la mercadotecnia y todos nosotros, victimas de la ignorancia y el cocowash.
Santa Claus, los Reyes magos, el espíritu de la navidad, el niño dios (que en algunos pueblos es el que lleva los regalos en navidad), la fraternidad, paz y amor entre prójimos, son algunas de esas mentiras que hasta se siente bonito creer. Bueno, a menos de que seas un niño de 6 años que no recibe nada, o sólo 50 pesos para comprarte algo y, cuando vas a la tienda de juguetes te das cuenta de que NADA cuesta 50 pesos y que aunque lo juntes con tus hermanos (que son más pequeños y que sufren aún más esos 50 pesos) no vas a poder comprar ni un juego de mesa y terminas comprando una lotería o un domino o dulces pendejeros, mientras los demás chamacos salen a presumir su carro de control remoto y sus muñecas y demás. Seguro ahí no se siente bonito. O ser palestino o afgano en pleno bombardeo. Tampoco parece bonito. Y sí, podría pasarme horas recordando todas las cosas desagradables que suceden en estas fechas para justificar mi apatía. Pero creo que entendieron el punto y ahora piensan que soy asquerosamente amargada y dramática, jajaja no me importa.
El asunto es que, lo que para muchos es obra de la ilusión y la fe, para mi se ha vuelto la obra de mentiras excepcionales e hipocrecía al por mayor. Pero cada quien cree en lo que quiere creer no?? Y dentro de todas estas cosas tan tristes con las que uno se topa, resulta que una charla cualquiera me abrió los ojos a una nueva verdad. La verdad del año nuevo.
Pero resulta que ya me ganaron el tema y entonces sólo pondré
el link al blog de Liz que dice básicamente las cosas que me interesaba poner, aunque sin la hostilidad y la amargosidad con la que yo lo haría jajajaja, pero lo que puse arriba es más que suficiente.
Al final de estas fechas y de todos estos festejos hechos a base de mentiras, lo único que nos queda es hacerlas realidad. No esperar a que sea diciembre para estar unidos a la gente importante, para regalar algo, para ayudar, para soñar, para tomar decisiones, para cambiar, para buscar quienes somos y qué queremos. No seamos estúpidos, no necesitamos esperar a diciembre... esas son ideas pendejas de gente pendeja.
Lo único bueno de estas fechas, definitivamente lo único... es la comida. Su deliciosidad es una verdad... universal. Amén por ella.